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La espera terminó: hoy arranca la Copa con Brasil frente a Croacia. Y larga también el sueño de la Argentina toda. Que el 13 de julio nos encuentre unidos y campeones.
Argentina en Brasil. El Mundial. Se terminó la espera. Empieza, ya, ahora, en un rato. Messi en la edad justa. Messi que cautiva e hipnotiza en una tierra vasta de hipnotizadores de la pelota. Maradona que no se calla. Passarella también comenta. La Copa que ellos ya levantaron. La Copa que no se toca antes. La Copa, cuatro letras, toda pero toda la gloria.
Un país gigante, vaya novedad, y en el que todo se magnifica. Las protestas sociales. Los atascamientos eternos en San Pablo. Los gastos estrafalarios. Más protestas hoy por hoy sosegadas por un Gobierno con elecciones en breve. Fallo dividido entre los habitantes sobre si están a favor y en contra del Mundial. Dilma que pataleó con la FIFA y hoy teme ser abucheada. La FIFA que patalea contra Brasil. Matrimonio por conveniencia, otro más. Obras sin terminar. Somos Sudamérica, al fin de cuentas.
Messi de nuevo, claro que sí, inmenso como Brasil. Omnipotente. Ilusionado. Querido. También presionado. Cristiano Ronaldo y su yo, su yo y su otro yo metido en un bestial jugador. Neymar con una camiseta y un número que le pesan, con su genio irreverente, tratando de cargarse la ansiedad de todo un país en vilo. El penta, mamita, qué julepe. España, la escuela del tiki-taka algo desvencijada pero genial al fin con Iniesta y Xavi. La Alemania que siempre está. Klose y el récord de Ronaldo. Italia y su catenaccio remasterizado. Uruguay y la leyenda del Maracanazo, otro julepe. La Colombia que cambió Pekerman. 32 equipos. 736 jugadores. El camino a la gloria.
Y la tristeza. La espalda le dio la ídem al francés Ribery. Del merecido Balón de Oro a otro golpe. Suecia fue poco para el inmenso Ibrahimovic. La rodilla fue la marca de Radamel Falcao. Un tobillo rompió el sueño de Reus y Scolari el de Ronaldinho y Kaká. Una pena. Un desperdicio, multiplicado por otros ausentes notables para cada país. Suárez, Vidal y Yaya Touré al límite. Y Carlitos Tevez, por supuesto, más allá del límite. El eterno jugador del pueblo.
Sabella ante la oportunidad que 40 y pico millones de técnicos quisieran tener en la Argentina. Pekerman y Sampaoli (por qué no). Klinsmann contra Alemania en el grupo. Capello en Rusia. Deschamps para que Francia vuelva a ser. Del Bosque por el bi. El señor Tabárez, un maestro. No juegan, pero cuánto deciden estilos de juego. El Mundial del 4G (ganar, gustar, golear y gozar).
Cantan y tocan Pitbull, Jennifer López que un día viene y otro no, Claudia Leitte y Olodum. Lujo. “We are one” venden en la ceremonia inaugural. Somos uno. Y todos. Todos esos que hasta hoy mismo trabajarán “para ultimar detalles”, y algo más que detalles en el Arena Corinthians. Piden que se llegue seis horas antes de las 17 al estadio. De nuevo, estamos en Sudamérica.
Cerca de Argentina. Ahí nomás. Al alcance de la mano. Hasta las manos. Todas las manos que desean la Copa. Y las manos de Messi que junto a las nuestras van por la gloria.
